Muchas ciudades tienen un olor y color especial pero en ninguna como en Sevilla. Nunca había estado en una ciudad que huele tanto a azahar, jazmín y naranja. Ni donde hasta las calles más oscuras con el color de sus casas hace que tengan luz. Fui en primavera, en su máximo esplendor cuando sus flores están florecidas y la luz del sol mejor ilumina los colores de sus calles y la verdad que es una ciudad que te embriaga.
En primavera es el mejor momento para caminar por sus calles tranquilas y contemplar sus arboles florecidos plantados en las aceras. No solo es en sus calles sino también en sus patios donde el color está presente. Los sevillanos aman a sus patios, y los jardines urbanos, como yo, siempre buscando ideas para dar color dentro de la ciudad. No importa lo pequeño o eclipsado que sea el espacio: enredaderas en las paredes, palmeras, cestas de guirnaldas que cuelgan de los balcones, miles de patios sevillanos muestran su gran orgullo local.
Yo no sabia mucho de Sevilla antes de ir allí, sí que sabia que hay el mejor flamenco de España y que en esta ciudad se respira un ambiente diferente, pero hasta que no llegué no me imaginaba que esta ciudad podía ofrecer tanto.
La atracción más grande tiene es el Palacio del Alcázar. Aunque originalmente era una casa fortaleza del primer gobernador árabe de Andalucía, no fue hasta el siglo XIV, cuando España fue una vez más gobernada por monarcas católicos, que el palacio se convirtió en lo es hoy. El golpe de genio fue cuando los nuevos gobernantes hicieron uso de los artistas y artesanos moriscos creando así el arte mudéjar que convirtieron el Alcázar en una serie de patios y salones porticados exquisitamente decorados. Cada uno lleva a otro a través de una sucesión de arcos de herradura invertida. La ornamentación está en todas partes, pero lo que más deslumbra son las delicadas celosías en las yeserías. Vagando por el Alcázar es como estar perdido en un hermoso laberinto de mármol y piedra hasta llegar a los jardines. Unos jardines con una serie de formas geométricas perfectas y con la naturaleza entrelazada que crean una serie de patios de palmeras, pinos mediterráneos, pérgolas, flores y fuentes de una belleza exuberante.
Al lado del Alcázar encontramos otro tesoro de Sevilla, la Catedral de Sevilla, la catedral gótica más grande del mundo y donde se encuentra la tumba de Cristóbal Colón con lo que se dicen que son sus restos. Mucho más interesante que la catedral, originalmente era una mezquita, es el campanario junto a ella, la Giralda. La Giralda era un minarete de la mezquita. El emir que la había construido quería ser capaz de montar en su caballo por ella y es por ello que se accede a diferencia de muchos campanarios, por rampas en lugar de centenares de escalones.
Mientras estoy pensando en caballos, debo añadir que una de las maneras más agradables para ver Sevilla es tomar un carruaje tirado por caballos en el Parque de María Luisa y pasear bajo el sol por la ciudad. Es aquí donde encontramos una de las plazas más bonitas, la Plaza de España. Quizás sea una de las plazas más conocidas de España. Se trata de una plaza muy grade y espaciosa, adornada con una fuente preciosa y rodeada de un canal de agua. La peculiaridad de esta plaza reside en que tiene un banco por cada provincia española.
Dejando atrás estos espectaculares espacios adentrarse en el Casco antiguo de Sevilla es un laberinto real de aventura con sus estrechas callejuelas, casas de color pastel y iglesias, como era de esperar, en cada esquina, algunas con pinturas de Murillo. Pero el lugar más sorprendente en el casco antiguo es una mansión renacentista, Casa de Pilatos, con dos hermosos jardines.
Y ya en el casco antiguo no podemos irnos de la ciudad sin probar la buena comida en:
- Bar Antojo
- La Duquesita
Decir que me sorprendió por Sevilla sería una subestimación. Todos los rincones tenían vida, ya sea por la gente, por sus colores y olores primaverales.
With love,
Lovelydaysby
Lovelydaysby







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